Es entonces cuando admiras su forma de ser, cuando todo lo que te envuelve se convierte en fríos copos de nieve que te rodean; cuando te arrepientes de haber sido tan vulnerable, habiéndole dejado entrar en tus pensamientos y sueños.
Eres consciente de que todo lo tenía preparado, de que lo que os rodeaba era una estrategia y tú tan solo eras el participante perdedor en un juego con la victoria ya pactada.
Tanto tiempo no te ha servido de nada. Era lo que más querías, lo que más amabas bajo el horizonte de tu imaginación.
Llegas a un punto en el que sientes que amas a alguien que no existe, porque esa mente embaucadora no puede pertenecer a la persona que te enamoraba día a día.
Te encuentras en una pesadilla en la que ha marcado una línea en la arena mientras te arrebata de pies y manos con las que poder borrarla.
Pasan los meses y cada vez comprendes de una forma más clara que nada a sido dañino. Todo te ha servido para aprender, para ver que alguien así no merece sentimientos tan fuertes por parte de nadie. Al menos no por tu parte. Vuelves a contemplar todo lo que la vida te ofrece y a valorar las cosas buenas que tienes en ella.
Nunca pensabas que un día así llegaría, sin pensar en ese infierno que te ha hecho pasar siquiera un segundo en todo el día; sin recordar su sonrisa, su olor, su mirada...
Aún más importante....sin recordar su dolor.

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